sábado, 17 de junio de 2017

LA IGNORANCIA Y LA DESHUMANIZACIÓN

Leo y escucho en estos días una frase, de las tantas que se instalan que dice lo siguiente.
“Con el kirchnerismo las pensiones por discapacidad pasaron de 180 mil a más de un millón”.
Mi actividad de profesor de guitarra me hizo y me hace conocer mucha gente, y por lo tanto enterarme de sus problemas, sus necesidades y sus experiencias, como ellos conocen y conocieron también las mías.
Recuerdo en aquellos tiempos precedentes al gobierno de Néstor Kirchner a cuatro alumnos adultos con discapacidad, que no voy a mencionar nombres por supuesto. Dos de ellos con problemas psíquicos y dos con problemas físicos.
Los dos que tenían dificultades psíquicas dependían de sus familiares, pues no podían trabajar bajo ninguna circunstancia y dos de ellos, justamente quienes tenían limitaciones físicas trabajan por su cuenta, por lo que sobrellevaban grandes dolores al momento de hacerlo.
Una de ellas gastaba todo lo que podía en masajes y analgésicos. Ninguna de las dos personas serían aceptadas en un empleo privado y hacían cursos de lo que fuera con la esperanza de incrementar el curriculum. Una de ellas me pagaba con boletos del trueque.
Ninguno de ellos tenía un subsidio o pensión.
Eran tiempos en que los requisitos para lograr la pensión por discapacidad hacían que fuera imposible lograrlo. La única opción que podría haber en una ciudad como Mercedes es la de trabajar en el municipio, en alguna función en las que se pudieran adaptar. Llorando, una de esas personas, me dijo que le gustaría hacerlo pero no iba a permitirse “chuparle las medias a un político para lograrlo”.
Si haciendo memoria me doy cuenta que conocí mucha gente discapacitada estoy seguro que 180 mil discapacitados para una población de más de 35 millones (en 2002) es muy poco. Hoy mismo el gobierno asume que uno de cada diez sufre una discapacidad.
“¿Acaso hubo una guerra en estos doce años que aumentó la cantidad de discapacitados?”, dijo un periodista influyente sonriendo, festejando su propia o no tan propia ocurrencia. La ignorancia, el no conocer, el no conocernos nos hace menos humanos.
Yo tengo muy en claro que no quiero ver a la gente sufrir, pues yo no quiero sufrir y no estoy exento de que en algún momento pueda sufrir una discapacidad o le suceda a un ser querido. El estado, o sea todos nosotros, tenemos la responsabilidad de ser humanos, de ayudarnos, de no dejarnos sufrir.
Supe que dos de esas personas con el tiempo lograron sus pensiones. Las otras dos francamente las perdí de vista y no lo sé. Ojalá que sí.

LA CANCION QUE MAS ME DEPRIME EN EL MUNDO.


Me deprime Tirá para arriba, la canción de Miguel Mateos Zas, no lo diría si no fuera la canción que más me desanima y agobia en el mundo, apenas una radio (siempre es una radio) pasa la canción, en el primerísimo instante en que el acorde de re menor da pie al "yo no busco lo que vos tenés..." siento la necesidad irrevocable de cambiar de dial o apagarlo.
Sucede que a veces esto no ha sido posible, quizás porque estaba trotando y se me hace dificultoso manipular el celular o porque la radio la está escuchando otro y estoy en contra de la dictadura y el totalitarismo.
¿Qué es lo que me deprime de la canción?
La pregunta me la hago siempre que la escucho y entro en vagos análisis que no parecen concluir en nada aceptable. La melodía de las estrofas están bien a mi gusto, la letra, aunque anacrónica (la mención del Atari la sepulta en lo demodé) no parece molestarme pero tampoco me entusiasma. La voz de Miguel Mateos, que tiene el honor de haber sido el único telonero de Queen y que Fredy Mercury debe haber apreciado desde su camarín, no es ni fu ni fa, más fu que fa, quizás.
Pero hoy, la escuché nuevamente y aunque pude haber apagado la radio resolví llegar hasta el final y entonces lo supe.
La cagada, para mi, es el estribillo. El texto y la melodía. Y digo cagada porque es eso lo que me ocurre cuando llega el estribillo: un imprevisto puñado de mierdita de pájaro que me cae en el alma.
La repetición exagerada de la frase "Tirá para arriba" es un buen disparador para mi acidez estomacal, y la frase en sí misma, fuera de cualquier vuelo poético pero espantosamente imperativa, extraída del coloquio de la época (como si la dijera el personaje de Paolo El Roquero) me lleva a ese adolescente de trece años que fui que todavía no había descubierto a Pink Floyd ni Serú Girán y que por lo tanto poco entendía de la vida.
Pero hay otra cosa. Los casamientos. Ese momento absurdo en que tipos grandes de saco y corbata se disponen en la fiesta, en medio del baile, en tomar al recién casado sujetado del fundillo y esperar la llegada del estribillo para lanzarlo por el aire como una metáfora de lo que habrá de ocurrirle a su estado civil.
Lo hacen también las mujeres pero a mi me molestan los hombres, y me duele en haber participado de la proeza más de una vez.
No imagino a muchos músicos, los que me gustan, cantar ese estribillo, ni a Charly Garcia (el pre reconstrucción), ni Spinetta, ni Mollo, ni Cerati... ni Roger Waters y David Gilmour. El que más se le ha acercado, y rozó en el palo, es Fito Paez con su "Hay que salir al sol", pero Fito compuso Tumbas de la Gloria y Tres Agujas. Así que está en su derecho.

lunes, 12 de junio de 2017

LA VERDADERA HISTORIA DE UN HIT MUSICAL - Contada por un músico resentido que no entiende nada


   Cuenta Luis Fonsi que se despertó en Miami con la palabra “despacito” en la cabeza y allí comenzó a gestarse todo. Se levantó de la cama y ya en el baño, mientras acomodaba la tapa del inodoro, tarareó el motivo inicial de tres notas en negras y melódicamente descendentes por grados conjuntos desde la tercera hacia la tónica.
   Luego de desayunar cuentan que buscó la tonalidad en la guitarra, resolvió que "si menor" era la adecuada y al motivo inicial le adosó una respuesta un tanto más elaborada, articulada en semicorcheas. Supo de antemano que sería un reggaetón, no era momento de improvisar cosas y lo que la gente pide (en realidad lo que la gente “cree” que pide porque solo ve lo que le ofrecen en el menú) es un ritmo de reggaetón (una especie de reggae que comparte la clave rítmica de la milonga rioplatense) y, que al igual que la famosa lambada ochentosa, es caldo de cultivo para movimientos sensuales y directamente sexuales del baile (al final del video oficial, a la derecha, un flaco se agarra sus genitales en franco gesto onanista)
   Luis Fonsi intentó seguramente desarrollar aún más el tema y se habrá sentido impotente en no poder culminarlo. Llamarse Luis Fonsi, de curriculum baladista, no bastaba para asegurar el éxito y probablemente su productor se lo haya hecho notar y le sugirió compartir este proyecto con Daddy Yanquee, experto en lacerar cerebros con repetición diabólica de motivos melódicos.
-Oye Chaval, no salgas de los cuatro acordes, olvídate de las baladas, esto es palo y a la bolsa – le dijo Daddy mientras se acariciaba el collar dorado sentado al piano, -déjamelo a mí.
Daddy, mientras daba vueltas sobre la secuencia armónica I, VI, III, VII en el piano, improvisó una pirotecnia de frases melódicas que iban desde la melodía romántica hasta el rap.
-¡Pues sí bro! Hay que tirar todos los camarones a la sartén –insitió Dady mientras Fonsi seguía golpeteando el piano con su mano. Dady lo miró feo y lo reprendió:

 –Eso sí pana, si vas a percutir en mi piano intenta llevar mi ritmo.

Fonsi, no contento sólo con esto, llamó por skiype a su amiga Erika Ender y le mostró que tenía una letra de un grandioso hit para que ella pudiera continuarla.
-Mándamela por email o wasap, Luis. –Dijo ella desde su casa.
-Si tienes para anotar prefiero dictártela ahora…- contestó Luis
-Voy por papel… espera - dijo ella.

Al cabo de unos segundos volvió a la pantalla con lapiz y una hoja en blanco.

-Dime Luis. 
-Des pa ci to…
-Sí…qué sigue...
-Listo, tengo nada más que eso…
   Erica Ender, terminó de componer la canción con una letra cargada de sensualidad y que ella asegura que lo hizo con “buen gusto, respetando a la mujer”. Sintió que encontró oro cuando descubrió que si a la palabra “Despacito” le quitaba la primera sílaba quedaba “pasito”... pasito pasito, suave suavecito, cantó bajo la ducha, contenta por el hallazgo.
   El resto de la letra compuesta por Erica, en extremo erótica, de carácter danzable son cuartetas, coplas de impronta urbana centroamericana y que remiten seguramente a sus tiempos de jovencita cuando quiso sobrepasar las zonas de peligro de algún muchache que olvidó su verdadero apellido luego de provocarle gritos en una playa de Puerto Rico.




EL ARTE, LOS GUSTOS y EL RIDíCULO


Quizás algún profesional pueda explicar. Quizás debería pagar una consulta. Esto es en referencia al arte y los gustos.

Con el tiempo he notado que cualquier artista es pasible de críticas. Aún el artista que más nos gusta puede ser descalificado y desaprobado por otros. Al punto de que muchas veces eso incide en nuestra propia visión.

Recuerdo que me sucedió con Fito Paez, en un momento de mi vida sentí que Tumbas De La Gloria era la mejor canción que había escuchado –lo de “mejor” es un exceso y es falso, obviamente, como todo sentimiento es pura subjetividad- pero una noche, mientras veía a un imitador de Fito Paez, exagerando sus gestos y ridiculizándolo, me sentí contrariado al punto de poner en duda lo que yo había sentido.

Mientras escribo me viene a la mente otro recuerdo, esta vez el caso es con un amigo, de esos amigos que son referentes en uno, con los que uno ha compartido los gustos y conformado ese universo de lo que es el gusto artístico, con el que uno traza la línea de esa división errónea que uno llama la música buena y la música mala, cuando en realidad debería ser siempre, la música que nos gusta y la que no nos gusta.

Fue con ese amigo, que luego de no verlo durante mucho tiempo, quise transmitirle mi devoción por Pedro Navaja, la versión de Rubén Blades, tema que escuché de niño sin prestarle atención a la letra pero ya en los veinte lo redescubrí. Pasada la adolescencia, nuestro derrotero musical fue por distintos caminos:  Hendrix me llevó a Santana, y las tumbadoras de Santana me llevaron a Rubén Blades. A mi amigo, sin que yo lo sepa, Hendrix lo llevó a Red Hot Chilli Peppers y éste a Metallica.
Luego de escuchar dos estrofas de Pedro Navaja en un viejo equipo de audio, mi amigo fue sincero y lacónico:

-¡¿Qué hacés escuchando esta mierda?!

No supe qué contestar, pero durante un tiempo Pedro Navaja ya no me provocaría la admiración acostumbrada. Aunque lo analicé y reflexioné no pude. “Chori, no podés ser tan pelotudo” me dije en el espejo, hice fuerzas por sacarme el influjo de mi amigo pero fue imposible. Me seguía gustando Pedro Navaja pero ya no era lo mismo.

Debido a mi actividad como instructor de guitarra, y en la que abogo la metodología de trabajar con los gustos musicales de mis alumnos, he entrenado la condición de no manifestar ni tampoco denotar con las expresiones de mi rostro qué reacción me produce la canción o el tema que me traen. Ni aún gustándome, porque sé que el mismo alumno quizás la próxima vez traiga para aprender algo que no me guste, y por más cara de poker que ponga notará la diferencia.

Con el tiempo aprendí a soportar las críticas sobre mis gustos y en muchos casos a descalificar a quien las dice, pero he desarrollado un sistema de defensa: sin que se entere, lo digo para mis adentros ¿No te gusta Peter Gabriel? ¿Te parece un viejo pelado que debería dedicarse a vender huevos por los barrios con un megáfono? A mi no me gusta cómo te queda el pullover rayado porque te hace más gordo, tampoco ese diente ladeado cuando reís, ni el pelo de la oreja que te olvidaste cortar. Entonces así lo ridiculizo. Y como lo veo ridículo, qué importancia tiene lo que me diga sobre Peter Gabriel. Por momentos funciona.