No tengo condiciones anatómicas para el tenis. Mido 1,73 m pero eso no sería un problema, muchos tenistas profesionales tienen buen desempeño con esa altura. Tengo hombros pequeños, escasos músculos dorsales y en el proceso de mi gestación alguien olvidó colocarme los abdominales. Para graficarlo en forma simple, mi cadera, mi cintura, mis pectorales, espalda y hombros están en la misma línea. Un prisma perfecto. Mis brazos son modestos, cortos y mis biceps apenas asoman.
Recuerdo hace ya varios años, una kiniesióloga que me estaba tratando una dolencia de espalda, observando mi torso desnudo me dijo que tenía una característica corporal propia de no sé qué clasificación o categoría de la morfología humana, y mientras describía, entre otros detalles, mi espalda encorvada y mi abdomen pronunciado sentí que ni siquiera calificaba para homosapiens y ya no quise oirla. Así y todo me apasiona el tenis.
Quizás haya ejemplos de jugadores anatómicamente atípicos que hayan logrado cosas, pero seguramente el esfuerzo físico que proponen es el doble o triple que en jugador corporalmente dotado. En estos años en que me he dedicado a aprender tenis intenté focalizarme en mejorar. Entiendo -y esto es una apreciación personal- que lo principal en el aprendizaje es la técnica, luego la táctica y estrategia y después lo físico y mental. En lo técnico me veo modestamente aceptable, en lo táctico y estratégico un tanto anárquico (así me definió un amigo) y en lo físico y mental: pronto voy a cumplir 50 años, el cerebro ordena acciones que los tendones y músculos se niegan a acatar.
Hoy perdí 60 60 en un torneo. Luego, ya en casa tomando unos mates hidratantes y mirando por la ventana el viento mecer la copa de los árboles intenté dilucidar por qué. Creo convencido que la suerte, buena o mala, en el tenis no existe. Si en un tiro la pelota "casi" toca la línea y fue mala, el "casi" no tiene valor: fue mala porque no le pegaste adentro. Considero que siempre que pierdo un punto es mi error, si paso la pelota y el adversario mete un winner pegándole muy bien es por su virtud pero principalmente porque mi golpe previo no lo incomodó.
Preguntándome por qué perdí 60 60, resultando además víctima de una masacre recordé que en el mismo partido lo había analizado y descubierto. Cuando terminó el primer set, un par de amigos que estaban mirando me dijeron que tenía que empezar a pegar, dar más velocidad, porque iba rumbo a la catástrofe.
¿Pegar más? me pregunté. ¿Pero es que acaso no lo estoy haciendo?
Empezó el segundo set y no encontraba la forma de cambiar el destino, y allí fue que pensé: pará Walter, estás jugando contra una mole de 1,82 metros de altura de espalda ancha, brazos largos, dorsales, pectorales y abdominales como indica el manual de gestación embrionaria y vos Walter, fuiste provisto de una proporción anatómica fallida y además impropia para un deporte como el tenis. Lo reflexionaba allí, mientras el partido seguía, y los pelotazos me venían como balazos. Intenté compensar con esfuerzo mental y físico e inmediatamente comprendí que ni siquiera tengo la edad para lograrlo. Ya está. Fue Walter. Vas a perder 60 60. Y encima va a salir publicado en los grupos y el Semanario Protagonistas. Taqueteparió.
Esta foto me la sacó un amigo después del partido, es la toma perfecta, de arriba, para ilustrar a un derrotado. Pero yo veo a un hombre que está sonriendo, quizás porque sabe que sumó un día más de tenis a su prontuario. Y eso no lo empaña ningún 60 60.
