Me sorprendí. Vi dos películas y un documental sobre Steve Jobs, el diseñador, gurú tecnológico, responsable de que escribamos, leamos, escuchemos música e interactuemos a todo nivel en teléfonos inteligentes.
Lo que me sorprendió es que Steve Jobs es mostrado como la peor calaña de tipo que uno pudiera encontrar: no reconoció a su hija, maltrató a su madre, defenestró a sus amigos y estafó a sus socios, no profesaba la empatía, era pedante, competidor despiadado, soberbio y no temía causar daño en el otro aunque fuera su mejor amigo y programador, y por momentos estaba convencido de que era un dios del Olimpo.
Steve Jobs fue el creador del reproductor de archivos de música que cambió y deterioró a la industria de la música. "Voy a poner 1000 canciones en tu bolsillo" le dice, en una escena de una de las películas, a su hija -finalmente, y con recelo, reconocida-, "no puedo ver ese ladrillo de walkman que cuelgas de la cintura", le termina diciendo orgulloso.
La verdad es que el mundo escucha habitualmente archivos de música en el formato mp3, en el que cada canción tiene no mas de 4 o 5 megas de información, cuando en un CD oscilaba los 70 mega. Las 1000 o más canciones en un par de años estuvieron en el bolsillo pero ya no con la misma potencia y calidad.
Reducción. En todas los documentales y los videos que vi sobre disertaciones de Steve Jobs, la reducción en pos de la comodidad era el motivo principal de sus innovaciones.
A veces me asalta la idea de que eso que llamamos progreso no es una curva ascendente sino una especie de parábola, que en el caso de continuar, luego de pasar el punto más alto se termina por descender. Ya lo decía Ernesto Sábato en otro orden de las cosas "¿Qué progreso puede haber en esos edificios de cientos de departamentos donde la gente vive alienada como animales? Alguien debería decir: muchachos, frenemos acá, con esto está bien, de aquí en adelante, más es menos.
Mi hija tiene 7 años, sabe leer, pero no tiene paciencia para leer textos largos, me preocupa, sé que se viene un nuevo mundo, pero el uso de su tablet, con el sistema táctil y la interfaz gráfica de la que también Steve Jobs es responsable, le han opacado la paciencia para hacer el esfuerzo de leer un texto de más de diez palabras. Pronto empezará segundo grado y tendré que convencerla de practicar la letra cursiva, un código milenario que ella lo ve como yo veía el idioma latín que aprendían algunos amigos que iban a la escuela Parroquial en los ochentas, y sé que va a ser una tarea monumental, ella ve que el mundo va para un lado y la escuela para el otro.
La verdad es que viendo estas películas, documentales y videos sobre Steve Jobs, me encontré pensando, luego de mi Campari puro nocturno, ¿Y si quedamos a merced de la obra de un déspota que nos sumergió en esta era de comodidad extrema y simplificación cerebral? ¿Y si Steve Jobs fue el anticristo y vino a destruirnos de este sutil modo, inventando un sistema de comunicación virtual, ficticia e intangible, un sistema de comunicación muerta? ¿Que buena cosa puede salir de alguien que si hubiera sido um vecino cualquiera denunciaríamos por malos tratos o daríamos vuelta la cara para no saludarlo?
Cuando murió Steve Jobs se viralizó en redes su discurso meritócrata en una universidad, un discurso que muchos lo tienen como un emblema apoteótico. Me agarró con la guardia baja y le creí.
Ahora que me doy cuenta que Steve Jobs es el culpable de que esté haciendo un esfuerzo sobrehumano para escribir este texto, que muy pocos tendrán tolerancia de leer, con dos pulgares regordetes, digo: nos cagaste la vida Steve Jobs, quiero mi vida anterior. Sin dudas.