jueves, 14 de febrero de 2019

CINCUENTA PULGADAS

CINCUENTA PULGADAS
Me lo terminó confesando antes de irnos, cuándo ya habíamos cantado como papagayos en celo en el karaoke más de cien canciones.
Antes de que Coqui sirva el asado -pobre Coqui, siempre le toca asar a él-, mientras estábamos disfrutando del salame, el queso y las aceitunas, Pedro comenzó a descargar su bronca sobre un vecino que le compró un televisor smart de cincuenta pulgadas.
Como la acústica del quincho de Fabricio hace que uno solo pueda escuchar al que está al lado, pues esa noche éramos casi veinte personas y el murmullo era estrenduoso, mis oidos sirvieron de catarsis para el resentimiento de Pedro.
Pedro trabaja de empleado en un local de una cadena de electrodomésticos, no le va mal, pues su esposa trabaja en tribunales y ya tienen su casa propia, y tener casa es una ventaja para nada deleznable en estos tiempos.
-Sabés que pasa Chori...-me dijo casi gritando al oido-, que el Pocho (buen tipo, no tengo nada que decir con eso, ojo) no tiene un mango partido al medio. Tiene una casita, que es un rancho, ladrillos huecos y chapa, los nenes, si vos vieras como andan en la calle, de ojotas en invierno, sucios, mal vestidos.
-¿Cuántos tiene? -pregunté, más por demostrar interés que por curiosidad.
-¡Cinco!, cuatro varones y una nena, la más chiquita, la mujer los lleva en moto a la escuela de a tres, o ¡cuatro a veces! Una locura.
-¿Y él a qué se dedica?
-Hace changas, corta el pasto, peón de albañil, lava autos, que trabaja, trabaja... pero la casa se le viene abajo, es un colgado, pero el tipo vino al local y se llevó un Samsung cincuenta pulgadas, ¡Ni yo tengo un cincuenta pulgadas! ¿Vos tenés un cincuenta pulgadas?
-Y sí -contesté casi con culpa -pero un JVC...
-Bueno, ¿ves? Vos no te zarpaste y te compraste un Samsung, vos tenés tu casa, pintadita, bien hecha, y aún así te compraste un JVC.
Asentí, me sentía intimidado.
-Ahora, imaginate la postal -hizo un cuadrado imaginario en el aire-, un rancho de dos por dos, la ventana a la calle abierta y un cojudo televisor encendido HD inmenso como un cine... no tiene relación entendés, no tiene relación...
-Perdoná que te pregunte -dije sonriendo para mitigar la ironía-, ¿vos ganaste una comisión con esa venta, o no?
-Sí, pero no es el caso, porque si tuviera más confianza con Pocho le diría que está invirtiendo mal la guita, porque con esa plata se puede comprar los materiales para otra habitación, qué sé yo, las aberturas, no sé...
La noche siguió. Si algo tienen los karaokes de bueno es que al cantar ciertas canciones olvidadas algunos recuperan algo de sensibilidad dormida y agazapada por la dureza del mundo que nos toca vivir. No es noticia que los años nos generan callos en alma. Pedro, totalmente en pedo, cantó emocionado "Para el pueblo lo que es del pueblo, porque el pueblo se lo ganó" de Piero, y casi lloró entonando Ojalá de Silvio Rodriguez.
Ya en el ocaso de la noche cayó derrumbado en el sofá sentándose a mi lado, yo también había casi vaciado un Campari así que no estoy seguro de que dijo lo que escuché, pero creo que sí.
-Sabés qué pasa Chori, que cuando Pocho se llevó el smart, yo sentí envidia.
-Pero si vos te podés comprar el cincuenta pulgadas.
-No, sentí envidia porque yo vi que él tenía la libertad de comprarlo, se lo vi en el rostro, él se pasa por las pelotas lo que uno crea que es necesario antes que comprarse un smart. Le chupa un huevo ¿entendés?
-Entiendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario