Fecha patria. Fiestita de la escuela. Ingreso de la bandera y palabras alusivas. Luego erguirse y entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino.
Me gusta cantar el Himno fuerte y exultante para que escuchen los mortales el grito libertad, libertad, libertad, pero dependerá en parte de la versión grabada que nos conducirá en ese derrotero musical sinuoso y complejo.
A veces, a través de los parlantes, se escuchan versiones solemnes de música de cámara, otras de coros operísticos, y algunas como la que me tocó una vez en la escuela de mi hija, en la que cantaba Jairo.
Jairo es técnicamente dotado, eso no está en discusión, pero hay una necesidad tendenciosa a que la interpretación y el arreglo musical sea tan complejo como su composición melódica. La versión es excesivamente lenta y acompañar el ritmo de Jairo fue como intentar alcanzar un fórmula uno subido a una bicicleta.
Debo ser honesto aún a riesgo de cometer herejía: no me gusta melódicamente el himno, me entusiasma el contenido patriótico de la letra pero la melodía de sus estrofas iniciales compiten con la marcha fúnebre. Ese lei motiv, "Oid mortales..", en un ascendente por grados conjuntos, denota un comienzo forzoso, agobiante, como si uno intentara subir una montaña cubierta de barro (Charly Garcia, creo, se da cuenta de ese errático comienzo, sobre todo para una composición que pretende arengar y levantar el ánimo, y en su acertada versión cambia por completo el motivo melódico, además de otras cosas).
Uno observa los rostros adustos y fruncidos de los padres y familiares cantando el himno y se adivina en sus gestos que esperan ansiosos que llegue el entusiasta momento de "Sean eternos los laures". Allí es cuando las facciones se relajan y la voz se eleva, pero solo hasta allí. Porque lo que parecía ya ir como pancho por su casa se frustra nuevamente en el "gloria viva a a a a mos", una cadena de bordaduras que provoca que el coro de voces entre en una zona pedregosa en la que nadie sale bien parado.
Las pruebas están a las claras: cantar el himno en una fiesta patria es una misión escabrosa que fracasa casi por completo, y que sólo justifica su tránsito hacia el final, en el que los cantantes ocasionales toman coraje y levantan la voz para cantar a viva voz las tres veces "Oh juremos con gloria morir".
De ser presidente decretaría que cada argentino ya se ha ganado la gloria solo por intentar entonar las estrofas de una composición rebuscada como pocas y lamento que no hayamos tenido la suerte de que la melodía haya sido la del Himno a Sarmiento, La Marcha de San Lorenzo o la que más me habría gustado en lo personal: Inconsciente Colectivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario