El jean es la prenda que he adquirido para utilizar en modo pantalones. Es mi punto débil en lo que fue la penetración cultural de norteamérica en mi persona. Es más, he teorizado sobre esto y estoy convencido de que el gran éxito imperial fue el jean.
Comprar un jean se ha vuelto la cosa más horrorosa de mi vida. No tengo pretenciones en el vestir, soy un hombre sencillo, prácticamente me pongo lo primero que aparece en el estante del ropero o lo que asoma arriba del cajón, pero también soy vulnerable a las recomendaciones de los que me rodean.
-Voy a comprar un jean -le comento a mi esposa.
-Voy a comprar un jean -le comento a mi esposa.
-¡No te vas a comprar esos jeans cuadrados, anchos que te hacen casi anciano!
Con esa sentencia marital, con ese mandato conyugal me dispongo, entonces, a buscar un jean.
Llego al local de ropa masculina. El vendedor ya está en frente de mí, por suerte lo conozco. Bueno, no sé si es suerte porque pronto conocerá una de mis miserias. Tomo aire, levanto la cabeza y pido un jean.
-¿Algo en especial?
Dudo en responder. En qué cosa responder. Nada mejor que zafar de una respuesta que hacerlo con una pregunta.
-¿Qué tenés?
-¿Qué talle usas, cuarenta y seis?- me repregunta escrutándome la cintura con la mirada.
-Cuarenta y cuatro- aclaro con mezcla de orgullo y desafío.
En treinta segundos despliega sobre la mesa una veintena de jeans. Rotos, descocidos, claritos, oscuros, veteados, unos manchados como si lo hubiera usado mi amigo Coki en el taller, otros desflecados y gastados como los que tiene el innovador de mi primo Paulo, en fin, comienzo a sufrir el mismo estrés que me sobreviene cuando debo elegir el papel higiénico en el supermercado, pero mucho peor, a gran escala.
-¿Clásico tenés? - pregunto cohibido. Ya desahuciado.
El vendedor mira los jeans, el gesto en su rostro denota vértigo, adivino que siente que está por cruzar una tormenta de viento y agua y ni siquiera tiene paraguas: soy el cliente difícil.
Nos quedamos en silencio mientras observo la ensalada de jeans sobre el mostrador. Levanto uno que parece talle ocho pensando que se coló.
-¿A éste que le pasó? -me sale la pregunta sin pensar.
-Es chupín.
-¿En teoría esto me entra?
-Es tu talle, seguro.... pero si querés algo más clásico tenés este que es semi chupín, o este que es eslastizado...
-¿Elastizado? -sonrío sorprendido.
-Sí, se usa, éste que tengo puesto es elastizado.
Apenas me lo dice se agacha y hace sentadillas, el típico movimiento en que un jean se raja en la entrepierna si está gastado por el tiempo o lo usa un anchito como yo.
El silencio vuelve a apoderarse de nuestra escena. El vendedor seguramente nota mi angustia creciente y tiene una fantástica idea. Dice que me conoce y que me dará tres o cuatro jeans a consignación para que me pruebe tranquilo en mi casa. El alma me vuelve al cuerpo. Los elijo por el color.
Ya en casa, en la pieza, y en soledad, me dispongo a probarlos. Uno de ellos es el que parece talle ocho, por curiosidad lo tomé, quiero enterarme de qué va esto. Intento embutirme en él. Se resiste. No puede ser que me venza un pedazo de tela cocida y me tiro boca arriba en la cama. La batalla es desigual. Como si quisiera ponerme en una pierna la manguera del jardín, pienso en Naza, Oscar, Juan... amigos, probablemente de mi talle, que he visto con chupines, ¿Pasarán por esto cada día que deciden usarlos? ¿Tendrán alguna técnica especial? ¿Se venderá por internet algún artefacto o un producto lubricante que ayude en la tarea?
Cuando ya consigo cerrar el botón de la cintura me miro al espejo. Un segundo basta para deshacerme de semejante aberración de la industria textil y de la moda. Yo no soy yo con eso puesto. La imagen que se me viene a la cabeza es la de un pollo de patas delgadas desafiando la física al poder sostener un abdomen voluptuoso.
Sin embargo esta historia tiene un final feliz. El pantalón semi chupín elastizado fue toda una revelación para mi. Como siempre me sucede en estas elecciones resultó ser el más caro, pero no está ni roto, ni descocido, ni veteado..es azul liso, como debe ser un jean.
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