“Nadie habrá dejado de observar que con
frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto
con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este
plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en
espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables.”
Así comienza el
Julio Cortázar sus instrucciones para subir una escalera, texto que aparece
entre otros en Historias de Cronopios y
Famas.
La verdad es que
no he dejado de observar la conformación de una escalera, es de ese tipo de
inventos que evidentemente no han de tener creador definido, y si bien cierta
biografía sospechosa dice que las primeras escaleras aparecieron allá por el
siglo 6000 antes de Cristo, uno imagina que en cualquier parte del mundo y en
cualquier tiempo, cuando ha existido la necesidad de subir o bajar distancias
imposibles, a esa persona en cuestión, se le ha venido a la mente alguna de las
tantas formas que tienen las escaleras, y de algún modo se las ha ingeniado
para fabricar escalones o peldaños.
Tengo algo de
vértigo y no me seducen las escaleras, vivo en una casa de planta baja pero
muchas veces he tenido que hacer uso de alguna, o para subir al techo para ver
porque se filtra el agua, o para pintar o cambiar una lamparita. En el último
tiempo las lamparitas de mi casa comenzaron a quemarse y como no soy amante de
la “reparación en casa” fui postergando el hecho de cambiarlas, primero
sucumbió la de una habitación, luego la de la otra, luego las dos tortugas de
afuera, y por último la del comedor. Esta última fue clave para tomar la
decisión, sobre todo cuando confundí un pedazo de pan con la manito de mi hija.
La excusa ante
los ruegos de mi familia para que cambie las lamparitas, era que no teníamos
escalera, pues las lamparitas de mi casa están todas bastante altas, algo que
nos fue difícil prever al momento de hacer la instalación, y ni siquiera con la
ayuda de una pequeña escalera de seis peldaños puedo alcanzar. Y la verdad es que
ya me da vergüenza seguir molestando a mis vecinos para pedirles, por enésima
vez, una escalera.
Me decidí
entonces en comprar la Escalera Aluminio Multipropósito, que como bien define
el rótulo es una escalera de aluminio que será útil en innumerables propósitos
que uno deba emprender. ¿Por qué me decidí por uno de esas? Porque he visto que
pueden plegarse hasta ser apenas un cubilete liviano de un metro veinte de
altura, lo cual facilita al momento de guardarlas y transportarlas.
Cuando la cargué
en el auto luego de pagar en la ferretería noté que la satisfacción me invadía
el cuerpo, ¿Ese pequeño bulto me llevaría a los cuatro metros de altura? ¿así
yo engordara hasta pesar los ciento cincuenta kilos que permite como límite de
peso?
La alegría
terminó cuando comencé la proeza de desplegarla. Leí sus instrucciones, mucho
menos literarias que las de Cortázar, y noté que la cosa no iría a ser
sencilla, un tramo para acá, otro para allá y no podía entender qué clase de
forma estaba tomando ese pequeño robotito de aluminio. Yo necesitaba ese tipo
de forma tradicional, un triángulo isósceles, tipo casita, en el que la
escalera podría sostenerse por sí sola sin la necesidad de apoyarla. Por
momentos parecía llegar al objetivo, pero confundido por las trabas, con el
miedo a no aplastarme un dedo, no lograba que adquiera una forma razonable y en
uno de los intentos la pata impactó contra el esquinero donde está el teléfono
y los retratos y adornos volaron por el living. Esa pequeña estructura aparentemente
inofensiva comenzaba a tomar vida propia.
Al fin hubo
éxito y cambié el foquito del living, pero lo peor estaba por suceder: para ir
hacia una de las habitaciones, debido a que hay que transitar por el pasillo,
tuve que plegar totalmente los tramos porque en ninguna de sus diversas formas
podía atravesar los estrechos ángulos. Nuevamente las dudas y los conflictos,
cuatro veces tuve que repetir los procesos, plegado, desplegado, plegado
desplegado… puertas abolladas, paredes rayadas y cachas en los muebles fue el
lamentable saldo de la tarea.
La modernidad
tiene estas cosas, ya no siento que tengo una Escalera Aluminio Multipropósito,
sino que estoy seguro de tener un enemigo en casa.
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