lunes, 3 de noviembre de 2014

EL ANTIPOETA

   

   La drupa es una fruta cuya pulpa es comestible y dicen que sabe agridulce, el árbol que produce esa la drupa es el jocote, como en aquel pueblo de Guatemala había muchos jocotes lo llamaron Jocotenango.
   Un 19 de enero de 1964 nacía en Jocotenango, Guatemala, Ricardo Arjona. Cincuenta años después millones de mujeres en Latinoamérica se sienten identificadas con las letras de las canciones e incrementan su cuenta bancaria a niveles exorbitantes.
    Una leyenda urbana argentina se propagó a través de los años contando que este autor y compositor guatemalteco, muchos años atrás, pobre y exiliado, cantaba en la calle Florida de la ciudad de Buenos Aires, recaudando monedas con la funda de la guitarra abierta.
   Reza el axioma popular que los hombres no entendemos a las mujeres y la poesía de Ricardo Arjona, o la antipoesía quizás es bueno decir, da pruebas claras de que el género masculino poco conoce de esta especie descendiente de Eva.
   Aquí intentaré comprender de qué manera el mal gusto, el pésimo sentido de ubicuidad y la discriminación pueden ser consideradas virtudes del romanticismo. Pablo Neruda y Mario Benedetti quedaron relegados a la condición de simples artistas del medioevo, o inclusive de la prehistoria. Ricardo Arjona destronó por completo la pasada estética romántica transformándola en demodé.

TU REPUTACION
“Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra”
 Así comienza esta canción, con un juego de palabras que pretende ser ingenioso (por lo visto para mucha gente lo es). Nada qué decir, el inicio es contundente y agresivo, luego la letra matiza la violencia de esta primera frase dejando traslucir la idea de que no hay mejor amante que una profesional del sexo. Pero cuando Arjona canta esto en un escenario señalando a las treinta mil o cuarenta mil mujeres que lo escuchan, al menos por un instante ellas, la mayoría señoras de cuatro décadas y con grasa abdominal, sienten en su interior, que son poseedoras de la misma reputación. Es el efectivo ardid de la identificación.

QUIERO
“Y quiero correr por ahí mientras trepo un cometa
y levantarle la falda a la gorda del barrio.
Quiero vivir sin un guión ni la misma receta.
Quiero inventarle otra letra al abecedario.”

    Quiero es una canción que como lei motiv utiliza el verbo “Quiero” para expresar un sinnúmeros de deseos, entre explícitos y metafóricos.  Los versos que transcribo arriba son parte del estribillo.  Mientras suceden las estrofas todo parece habitual en la poética hasta que llega este particular deseo: “…y  levantarle la falda a la gorda del barrio”, la primera vez que lo escuché, en esas escuchas de ocasión en que uno está pensando en otra cosa fue inevitable visualizar la imagen del mismo  Arjona levantándole la pollera a una mujer. ¿Dijo eso? ¿”Levantarle la falda a la gorda del barrio”? ¿Por qué? ¿Por qué es gorda? ¿Por qué es de barrio? Y lo más inquietante:  ¿para qué? ¿Por qué razón uno querría levantarle la falda a una chica excedida en peso? Discriminación y abuso, todo en una sola oración.                                                                                                 

APNEA
“No consigo respirar,
hago apnea desde el día en que no estás”

   Aquí la metáfora de la imposibilidad al respirar ante la revelación del amor no es original, Vivir sin aire de Maná, Every breath you take de The Police y Take my breath away de Berlin demuestran que el recuso está trillado, lo meramente excepcional es el mecanismo poético de comparar la emoción romántica con una patología respiratoria.  La apnea es una enfermedad que puede ser grave y que provoca que la persona que lo padece quede mucho tiempo sin respirar lo que luego genera una brusca convulsión más fuerte que un ronquido. La situación es muy poco literaria. Esto nos da la pauta de que Arjona jamás hubiese escrito lo que Charly García plasmó en la canción Seminare: “Si pudieras olvidar tu mente, frente a mí, sé que tu corazón diría que sí” sino, en boca del guatemalteco quedaría mejor:  “Si pudieras quedar en coma irreversible, frente a mí, sé que te corazón diría que sí”
   Para terminar el análisis una pequeña anécdota, cuentan que una canción aún inédita del cantautor refleja con énfasis su condición hipocondríaca:
   “… de tanto esperar sentado tu hermoso rostro ovoide
    No te das una idea de cómo tengo las hemorroides”





    


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