La drupa es una fruta cuya pulpa es comestible y dicen que sabe agridulce, el árbol que produce esa la drupa es el jocote, como en aquel pueblo de Guatemala había muchos jocotes lo llamaron Jocotenango.
Un 19 de enero de 1964 nacía en Jocotenango,
Guatemala, Ricardo Arjona. Cincuenta años después millones de mujeres en
Latinoamérica se sienten identificadas con las letras de las canciones e
incrementan su cuenta bancaria a niveles exorbitantes.
Una leyenda
urbana argentina se propagó a través de los años contando que este autor y
compositor guatemalteco, muchos años atrás, pobre y exiliado, cantaba en la
calle Florida de la ciudad de Buenos Aires, recaudando monedas con la funda de
la guitarra abierta.
Reza el axioma
popular que los hombres no entendemos a las mujeres y la poesía de Ricardo
Arjona, o la antipoesía quizás es bueno decir, da pruebas claras de que el
género masculino poco conoce de esta especie descendiente de Eva.
Aquí intentaré comprender
de qué manera el mal gusto, el pésimo sentido de ubicuidad y la discriminación
pueden ser consideradas virtudes del romanticismo. Pablo Neruda y Mario
Benedetti quedaron relegados a la condición de simples artistas del medioevo, o
inclusive de la prehistoria. Ricardo Arjona destronó por completo la pasada
estética romántica transformándola en demodé.
TU REPUTACION
“Tu reputación son
las primeras seis letras de esa palabra”
Así comienza esta
canción, con un juego de palabras que pretende ser ingenioso (por lo visto para
mucha gente lo es). Nada qué decir, el inicio es contundente y agresivo, luego
la letra matiza la violencia de esta primera frase dejando traslucir la idea de
que no hay mejor amante que una profesional del sexo. Pero cuando Arjona canta
esto en un escenario señalando a las treinta mil o cuarenta mil mujeres que lo
escuchan, al menos por un instante ellas, la mayoría señoras de cuatro décadas
y con grasa abdominal, sienten en su interior, que son poseedoras de la misma reputación.
Es el efectivo ardid de la identificación.
QUIERO
“Y quiero correr
por ahí mientras trepo un cometa
y levantarle la
falda a la gorda del barrio.
Quiero vivir sin un
guión ni la misma receta.
Quiero inventarle
otra letra al abecedario.”
Quiero es una canción que como lei motiv utiliza el verbo “Quiero” para
expresar un sinnúmeros de deseos, entre explícitos y metafóricos. Los versos que transcribo arriba son parte
del estribillo. Mientras suceden las
estrofas todo parece habitual en la poética hasta que llega este particular
deseo: “…y levantarle la falda a la gorda del barrio”,
la primera vez que lo escuché, en esas escuchas de ocasión en que uno está
pensando en otra cosa fue inevitable visualizar la imagen del mismo Arjona
levantándole la pollera a una mujer. ¿Dijo eso? ¿”Levantarle la falda a la
gorda del barrio”? ¿Por qué? ¿Por qué es gorda? ¿Por qué es de barrio? Y lo más
inquietante: ¿para qué? ¿Por qué razón
uno querría levantarle la falda a una chica excedida en peso? Discriminación y
abuso, todo en una sola oración.
APNEA
“No consigo
respirar,
hago apnea desde el
día en que no estás”
Aquí la metáfora
de la imposibilidad al respirar ante la revelación del amor no es original, Vivir sin aire de Maná, Every breath you take de The Police y Take my breath away de Berlin demuestran
que el recuso está trillado, lo meramente excepcional es el mecanismo poético
de comparar la emoción romántica con una patología respiratoria. La apnea es una enfermedad que puede ser
grave y que provoca que la persona que lo padece quede mucho tiempo sin
respirar lo que luego genera una brusca convulsión más fuerte que un ronquido.
La situación es muy poco literaria. Esto nos da la pauta de que Arjona jamás
hubiese escrito lo que Charly García plasmó en la canción Seminare: “Si
pudieras olvidar tu mente, frente a mí, sé que tu corazón diría que sí” sino,
en boca del guatemalteco quedaría mejor:
“Si pudieras quedar en coma irreversible, frente a mí, sé que te corazón
diría que sí”
Para terminar el análisis una pequeña anécdota,
cuentan que una canción aún inédita del cantautor refleja con énfasis su
condición hipocondríaca:
“… de tanto esperar sentado tu hermoso
rostro ovoide
No te das una idea de cómo tengo las hemorroides”
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